Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 15 de junio de 2012

Piluca quiere un elefante.




Preámbulo:
La rodilla derecha del Moises de Miguel Angel tiene una marca profunda, un golpe cargado de rabia e impotencia. Una muesca en el mármol que el paso del tiempo ha suavizado pero que recuerda la frustración cortante y el peligroso filo que produjo el martillazo. El artista gritó a su obra: ¿Por qué no me hablas?, golpeándole después. Era la impotencia de saber que su trabajo era casi perfecto.
Esto lo sabe todo el mundo, pero casi nadie sabe que luego Miguel Angel estuvo días frotando la herida con los ungüentos de sus lágrimas y que besó la marca profunda hasta casi desgastarla, de tal forma que hoy no vemos sino una pequeña cicatriz de aquel castigo no  deseado.

 Nudo:
Piluca llevaba la mitad de su vida dándole vueltas a la idea. Desde que tenía uso de razón. Su deseo se había hecho más sólido que sus primeros e inseguros pasos.  No le había puesto aún nombre pero eso vendría con el tiempo y la convivencia. Por alguna razón oculta, que se le escapaba a comprender, deseaba tenerlo más que nada en el mundo. Representaba quizás la imagen de la ternura y la compasión, de lo exótico y sabio. Veía en él representado, la sabiduría de la vejez y la inteligencia extrema. Ansiaba preguntarle sobre lo exótico y lo virginal de su selva y esperaba que le contase como era el olor de la puesta de sol en la sabana. Había visto a la gente pasear por la calle ridículos caniches y perros lanudos de mirada oculta. No, eso no. Ella quería señorearse por el parque tirando de la cuerda de su fiel amigo y poder pasear sentada a su lomo cuando estuviera cansada por las dunas blancas, que camino de vuelta a casa ella imaginaba calientes y serenas. Desde el mismo día en que sus padres le contaron la buena nueva de la venida de un  hermanito, Piluca se había revelado contra el mundo y había dicho claramente que lo que en realidad ella deseaba era tener un elefante. No esperaría recibir en casa nada distinto a un elefante y no consentiría compartir con nadie más que con un elefante las infinitas llanuras de su Serengeti soñado.

Desenlace:
Finalmente el elefante llegó a su vida. Su hijo representaba, por alguna razón oculta que también se le escapaba, la ternura y la compasión, lo exótico y lo sabio, la sabiduría y la inteligencia extrema. Ahora pasaba noches compartiendo con él las imágenes exóticas de la virginal selva y los olores de las puestas de sol en la sabana de sus sueños. Al cabo de los años, Piluca, Pilar, se señoreaba paseando con él por el parque, y camino de vuelta a casa imaginaban juntos calientes y serenas dunas blancas.
Y ella sabe que cuando finalmente camine firme y solo por las infinitas llanuras de su Serengeti soñado, golpeará su rodilla derecha para pedir que le hable y luego ungirá su piel con sus besos y la frotará hasta desgastarla, porque su obra será definitivamente perfecta.



Blogscriptum:
Y esta es la respuesta, querido bloguero (ek) que te he preparado cuando me interpelabas hace unos días en


para explicarte porqué yo creo que cuando ellos se marchan los padres vivimos ya eternamente, como los elefantes.

Enhorabuena ahijado por tus notas, enhorabuena por tu esfuerzo. Sé elefante: infatigable, eterno, sabio, altruista, familiar y poderoso. Serás eterno, Jorge, eterno.

1 comentario:

  1. Sonrío mucho...de continuo...se me ha quedado impresa la sonrisa inmensa.
    Piluca y el elefante lo releerán juntos ;)

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