Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 13 de abril de 2012

Maldito funcionario

Se ha consumado la ignominia y me han bajado el sueldo.

Voy a contar una historia absolutamente personal y familiar, espero contar con el consentimiento emocional de mis padres y hermanos.

En la década de los 80 mi padre, hasta entonces agente comercial textil, invirtió sus ahorros en el que supongo sería su sueño, una tienda  de discos y aparatos que entonces se llamaban HI-FI. Allí pasé tardes de sábado escuchando y escuchando música. La tienda se fue al carajo y mi padre se hundió en un enorme vaso de agua en el que nadaban las benzodiacepinas y se apagaban los Winston por segundos. Tengo la imagen guardada en mi retina del humo por encima de su cabeza que asomaba por detrás de una pila de facturas que revisaba y resumaba.

Mi madre, como el, había comenzado a estudiar ciencias químicas, pero mi abuelo la convenció para que lo dejase en tercero y opositase para magisterio:
- Pilar, hazte maestra, es seguro.
Ejerció unos años y luego se dedicó en cuerpo y alma al cuidado de cinco hijos.

Cuando el negocio se hundió y en mi casa no había dinero ni para llegar a mitad de mes, mi madre se reincorporó al magisterio y levantó una casa que hacía aguas por todas partes.

Mi madre era una funcionaria que se levantaba a las 6:00 de la mañana y que después de dejar apañada la casa, peregrinaba en transporte público hasta el otro extremo de Madrid. Su elegante pelo arreglado de cada sábado en los Hermanos Blanco, la peluquería de moda en esa época, no volvió a ser nunca el mismo, como nunca lo fueron sus blusas que fueron sustituidas por jerseys hechos en casa con lana de la tienda "El Gato Negro". Como el humo sobre la cabeza de mi padre tampoco se me olvidará jamás la imagen de mi madre llorando en el suelo cuando se dio cuenta al llegar a casa que algún cabrón le había levantado las 40.000 pesetas que había sacado del banco momentos antes de comprar aquella lana roja, para aquel jersey horrible de ochos, de aquel puto Gato Negro, que tanto odié por lo que costó.

Mi abuelo fue funcionario, mi madre fue funcionaria y yo me dije:
-Hazte funcionario, es seguro.

Así pues, me dediqué a estudiar durante muchos años, muchas horas. Terminé la carrera por la cara, por que como mi madre era funcionaria a mi me salía gratis. Al terminarla me fui a una academia durante un año para preparar una oposición de funcionarios, encerrado sólo en un piso de 20 metros cuadrados, en el que podía estudiar 17 horas al día en el w.c. mientras cagaba y cocinaba, todo a una. Esto lo hice por la cara, por que mi madre funcionaria me lo pagaba, y otros funcionarios que había conocido durante la universidad y que luego fueron compañeros de profesión me lo pagaban (nunca me pidieron devolver el préstamo - como mi banco-)
Y yo, por la cara, todo por la cara.
Aprobé una oposición a la primera que sacaba uno de cada siete, todo por la cara. Después de especializarme, realicé mi Tesis Doctoral y comencé a trabajar auténticamente de funcionario. Entonces empezó lo bueno.

Me toco los cojones desde las siete de la mañana hasta más allá de las ocho de la tarde. Cuando llego a casa me sigo tocando los cojones preparando las clases de la universidad que imparto gratuitamente, por la cara vamos, en una Universidad Pública, llena de funcionarios; preparo mis proyectos de investigación, que me financian  por la cara, otro departamento de funcionarios, o preparo conferencias o ponencias para congresos llenos de funcionarios.

He hecho tantas cosas por la cara en mi vida hasta llegar aquí que asumo mi parte de responsabilidad en el desaguisado Nacional y asumo mi compromiso de trabajar más y cobrar menos, si con ello el resto de compatriotas no funcionarios salen adelante de su vaso de agua, Prozac y Winston, como consiguió hacer mi padre que, por cierto, no he dicho que renació del mismo pozo de la mierda en el que cayó, por la cara, claro.

Y ahora música, en honor a mi Madre, que como esos marinos Vascos salía cada mañana a faenar.







4 comentarios:

  1. tienes mucha razón, estoy cansada de escuchar que somos una clase privilegiada.Yo empecé a trabajar a los 17 años, mientras trabajaba cuidando niños terminaba C.O.U.,cuendo terminé, ya tenía un trabajo en una Asesoría Jurídica, de la que me marché porque el jefe me acosó sexualmente. Después trabajé en una empresa de Construcción, después en la droguería de mi hermana por las tardes, mientras yo iba pariendo hijas (tres). Cuando tenía 36 años y tres hijas empeze a estudiar Auxiliar de Enfermería en el Instituto cercano a mi casa, corriendo siempre para llevar a mis hijas al cole y poder llegar a clase. Lo acabé con Sobresaliente y de ahi seguí estudiando par aprobar los examenes que hacían en el Gomez Ulla para acceder a plazas de alguna baja laboral o una de maternidad. He rodado por un montón de hospitales mientras estudiaba para aprobar una oposición que tardaron en sacar 10 años, y por fin cuando me presente conseguí la mia. Sí yo soy funcionaria he entrado en mi hospital por la puerta grande, sigo trabajando como trabajaba en la empresa privada, dando el 100 por 100, porque me gusta mi trabajo, yo no he provocado la crisis, yo no he robado, yo pago mis impuestos, yo gano 1181 euros, yo cumplo mi horario, yo desayuno, muchas veces a la carrera, para no hacer esperar a los pacientes y el que me tenga envidia que se presente a una oposición y que la apruebe si puede.

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  2. Me siento totalmente identificada yo también he conseguido "las cosas por la cara".
    Enhorabuena.
    Mar.

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    Respuestas
    1. Pues eso, Mar, a seguir chupando del bote, como yo, por la cara;porque estoy seguro que seguirás igual...no tienes remedio...todo por la cara. Gracias por comentar

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