Manual de instrucciones de blogscriptum

jueves, 8 de marzo de 2012

La revisión del recuerdo...espiral

Espiral. Foto Blogscriptum

“Eso fui. Una suerte de botella echada al mar. Un niño que se prometía amaneceres con torres de sol. O tal vez la primavera que avanzaba a destiempo”.  M Benedetti.

Ando como Benedetti luchando en la forja de mi pasado. ¿Qué recordamos, cómo recordamos? ¿Qué olvidamos, cómo olvidamos? Someto mi historia personal a un juicio sumarísimo que me actualice y me haga libre. Me espero a la salida del bar, agazapado en el callejón oscuro y trasero de mis recuerdos para ajustarme las cuentas. El filo de la navaja brilla más que la punta del cigarro que he terminado de pisar con la punta del zapato. No me dejaré ni defenderme.

¡Pobre Macbeth!, pide al médico clemencia y remedio por los recuerdos: Acto V escena III…
Macbeth: ¿No puedes calmar su espíritu enfermo, arrancar de su memoria los oscuros pesares, borrar las angustias grabadas en el cerebro, y con dulce antídoto olvidador, arrojar de su seno oprimido las peligrosas materias que pesan sobre el corazón?
Médico: En tales casos, el paciente debe ser su mismo médico.

Huyo del recuerdo nostálgico de mí o de lo mío y me pongo en guardia de lo que tiende a la bondad y al juicio benévolo, de lo que fue y ya no es: el último otoño no te recuerdo como la boina gris y el corazón en calma y las llamas que recuerdo crepusculares de tus ojos no eran sino la ira. Las hojas salieron volando en una tarde fría y ventosa y tu alma no era de agua calma. Y que Neruda me perdone.

Pedro Laín afirma: “quién por una razón o por otra no se revisa a sí mismo, no se somete a juicio de recuerdo de sí mismo, no pierde desde luego su libertad, pero no puede ejercitarla con soltura. Poco o mucho, algo hay en el pasado de cualquier hombre, incluidos los más rectos y monolíticos, que exige un ajuste de cuentas consigo mismo”: Sólo la comodidad o la cobardía nos alejan de este juicio.

Someted a una evaluación cualquiera de vuestros recuerdos y podrá ser clasificado en alguno de estos cuatro grupos: lo que nos importó porque nos perfeccionó (más si costó aquel envite). Lo que nos dio placer, lo que nos hirió y de lo que nos arrepentimos….
Y no hay más tipos de recuerdos, y los demás los olvidamos. ¿Y si nuestro presente no es fruto de lo que hicimos si no todo lo contrario? Forjamos nuestro pasado hasta amoldarlo a estos cuatro preceptos.

Yo no puedo modificar lo que fue, pero cincelo mi pasado para explicar cómo quisiera haber sido hoy.

Hirokazu Koreeda, en una profunda exploración del sentido de la vida y el valor de los recuerdos, juega con la idea del eterno retorno en After Life (1998). La situación es la siguiente: la gente que acaba de morir tiene la opción de elegir aquel recuerdo que deseen y a partir de ese momento se convertirá en la única experiencia para toda la eternidad. Se repetirá eternamente. ¿Qué representa más mi vida?, ¿Cuál es mi recuerdo…para siempre?: ¿intenso? ¿Feliz? ¿Dramático?¿Hilarante?.

Si decides elegir un orgasmo ten en cuenta que una eternidad orgásmica acaba por perder el matiz de la ansiedad anticipatoria y la expectación vibrante…tu verás.



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