Manual de instrucciones de blogscriptum

viernes, 30 de marzo de 2012

Eres humo este verano


Madrid no es Chicago, eso es evidente, pero de vez en cuando se puede escuchar el gemido de un saxo que rompe el silencio de las calles del centro. Hace años, cuando mi hígado me respetaba y no me arañaba como un gato cabrón en la cabeza y en la dignidad, solía ofrecerle un reto de hielos y whisky, del que salía siempre victorioso, en un tugurio de la calle del Nuncio -Rapsody- que hoy se ha trasformado en una tienda de chinos, con mas colores y luz, pero sirviendo el mismo alcohol de mierda que daba aquel antro.
A última hora de la noche, cuando los clásicos de la barra nos estábamos repartiendo las ultimas miradas de " te veo igual que ayer, pero más viejo", el ambiente era denso y acumulado en estratos. A esa hora aprovechaba para tomar el aire húmedo y rancio -pero sin humo- que pasaba por un ventanuco del cuarto de baño que daba a un patio interior, junto con llantos de niños y la reverberación del saxo triste de Milles, 
El cuarto de baño del Rapsody era para mi la gran biblioteca. En la puerta del reservado se podía leer literatura de altura, en mil caracteres y tipografías: bajorrelieves de navaja e ira y lápiz de ojos de puta barata; poemas y blasfemias y de tanto en tanto un teléfono con la leyenda "la chupo gratis", de algún mamón frustrado por una chica decente. De todos los grafitis de esa puerta seguí durante un año las anotaciones en pequeñas cuartillas pegadas con chicle que fue dejando un anónimo. Al cabo de este tiempo dejó cuatro, coincidentes con el cambio de temporada, y que hasta el último día que fui al Rapsody nadie los arrancó, porque como para mi, para el resto de los visitantes de aquel antro, lo allí escrito era para ser allí leído, y nadie osaba quitarlo.

Los textos los copié en cuatro posavasos que hoy he encontrado y que aquellos días iba leyendo, calle Nuncio abajo, mientras silbaba a las tantas de la noche, camino de casa, cualquier tema que Milles había llorado por su saxo.

Ahora están agrupados en este texto.
Gracias anónimo y brindo por el Rapsody (con agua sin hielos).

Te quiero a mi lado desnuda en la cama
así la noche de invierno
de este Madrid frío y seco
no se me hace larga
ni me importa que el viento sople
Viaducto hacia abajo,
por encima de nuestra manta,
hasta el río.


Te quiero a mi lado desnuda en la cama
en este otoño de hojas secas
de un Madrid adoquinado en duermevela
y sonido de acera baldeada.
No tengo miedo del cuarto a oscuras
pues desnuda,
emites una luz intensa
que todo lo llena e ilumina,


Te quiero a mi lado desnuda en la cama
de este Madrid de jazmines y primaveras
paseos y besos hasta cerrarlo todo,
rincones de colchón y almohada mutua,
arropándome entre tus brazos
sábanas finas por si hace frio,
en los callejones apagados de mis sueños


Te quiero a mi lado desnuda en la cama
porque es tu sudor mi oasis
de este Madrid de verano e insomnio
y el aire de tu boca
trae el viento fresco y nuevo
que barre la habitación
de miedos y dudas.


Eres humo, vapor
en esta noche agostada.







1 comentario:

  1. Pues ya ves, gracias a la Ley antitabaco ya no habrá ese humo misterioso este verano, ese humo que envolvia el sonido del viejo saxo que tanto nos mueve las entrañas. Es curioso la manera de salir de esos poemas del sitio donde su dueño los plasmó, me alegra que hallas salido a la luz, puesto de permanecer en ese tétrico lugar jamás los hubieramos leido. Por cierto si necesitas de los cuidados de un equipo de hepatologia ya sabes donde encontrarnos.

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