Manual de instrucciones de blogscriptum

domingo, 12 de febrero de 2012

Padre nuestro.





Padre Bach que estas en los cielos
santificado sea tu  nombre
venga a nosotros tu ingenio
hágase tu música en el cielo y en la tierra


El equilibrio, el centro, el eje sobre el que giran las emociones, el placer y la felicidad ,la simplicidad en lo complejo. La variación en lo que parece repetido.  Es lo mismo pero no es igual. La profundidad, lo eterno.

JSB era un virtuoso de varios instrumentos, además de ser un genial compositor. Durante muchos años había sido primer violín de la orquesta del duque de Weimar; pero cuando tocaba para su satisfacción personal, según nos cuenta su esposa en el libro de La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach elegía la viola. Allí se encontraba, como solía decir, en el punto central de las armonías y podía ver con más facilidad, o mejor dicho, oir lo que sucedía a derecha e izquierda.  El se atrevió a componer piezas para instrumentos monofónicos sin acompañamiento de ningún tipo, las Sonatas y Partitas para violín. Pero de entre todas estos tipos de obras, destacan las Suites para Chelo.
Las Suites de chelo son para muchos posiblemente las más sublimes que nunca se haya compuesto para este instrumento.
Alrededor de ellas existe una bonita historia de azar y tenacidad, que Máximo Pradera nos recoge en su libro: ¿De qué me suena eso?. 
El gran músico Pau Casals se ganaba la vida como podía interpretando, junto con otros 7 amigos, valses en Barcelona. El era  muy exigente consigo mismo y había decidió ofrecer a los melómanos que acudían a verle un repertorio distinto cada noche. En su búsqueda incansable de nuevas obras, su padre le acompañó en cierta ocasión a una tienda de vieja de música situada en la calle Ancha, cerca de los muelles. Allí pudo adquirir  no sólo las suites de chelo y piano de Beethoven sino también unas partituras de unas piezas hasta ese momento absolutamente desconocidas: las suites a violonchelo solo sensa basso, de las que ni él ni su maestro, José García, habían oído hablar jamás.
Debió ser un hallazgo impactante para él, pues dejó de asistir a sus interpretaciones de valses junto al grupo de los siete magníficos y se encerró al estudio de estas partituras durante diez años, tiempo que necesitó para poder presentarlas por primera vez al público. 
Otros grandes violonchelistas de la altura de Rostropovich tardaron mucho tiempo en grabarlas.
Su enorme espiritualidad y dificultad técnica han amedentrado durante décadas...o no:



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