Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 17 de enero de 2012

Yo me he bañado con Pío Baroja



Asumamos, sin ser originales y como cierto -que tampoco es mucho asumir- que es verdad lo que  tantas veces se ha dicho a propósito de la fotografía: que en el momento de hacer click, cuando algo que está delante de la cámara pasa a ser eterno, el fotógrafo se apropia del alma de la persona, animal o cosa que inmortaliza.

Para Blogscriptum esto resulta un principio indiscutible.

También se ha dicho que la fotografía tiene unos fundamentos técnicos que exigen formación y experiencia, a propósito de la luz, de la exposición, de la velocidad de obturación  o de la elección del objetivo, fundamentos que finalmente se aprenden. Pero lo que realmente resulta mágico, y sólo está al alcance de unos pocos, es el momento justo en el que el dedo índice debe presionar el botón de disparo de la cámara. Justo ese instante, ni una décima de segundo antes ni una décima de segundo después. A diferencia de otras artes plásticas, el tiempo no añade cambios o sentimientos que el artista va teniendo a lo largo del proceso creativo. Es el aquí y ahora para pasar luego a la eternidad.

Blogscriptum quiere ir un paso más allá en esta teoría del robo de almas y la paradoja de la eternidad de algo instantáneo.

Hoy afirmo que el alma que se roba en cada instantánea es en parte lavada en las bandejas del laboratorio del fotógrafo y así se produce una transferencia de almas y una contaminación que hace que, a través de los líquidos de revelado, se transmita de foto a foto, parte de las almas de las personas animales o cosas que previamente en el se bañaron. Luego, cuando uno mira una foto, no sólo ve al personaje o lugar que en el se muestra como evidentes, sino todo lo que antes se gestó en el laboratorio del fotógrafo, en una contaminación sublime.

Nicolás Muller ha sido calificado como el "Domador de la Luz". Por sus lentes pasaron gentes y pueblos,  vidas y lugares. Y después de impresionar sus películas, estas se transformaban en arte en los papeles fotográficos que se bañaban en sus bandejas.  Revelador, paro y fijador en un aria de luz, contrastes y sombras
Nicolás Muller, uno de los grandes de la fotografía del siglo XX, retrató a pescadores, mujeres, campesinos, niños, bailarinas y también a Ortega, Azorín, Pío Baroja o Argenta.
En sus últimos años de profesión Nicolás trabajó con su hija: Ana Muller (Id a dar una vuelta a su web) con la que compartió decenas, cientos de horas de estudio y laboratorio, hasta terminar siendo sus propios ojos.

Pues bien, la teoría que hoy expongo se basa en mi propia experiencia.
Por serendipia, por azar, tuve contacto con los Muller con apenas un año de vida y me bañé en las bandejas de su laboratorio, en forma de papel fotográfico. Pasados 30 años lo volví a hacer con motivo de mi boda.

Aunque he tardado en advertir que es lo que me llamaba la atención de las fotografías, en las dos series de fotos, en mi infancia y a los 30 años, ya puedo ver claramente un halo a mi alrededor. Noto el sabor del cigarro del pescador en mi boca, el olor del puerto y de los barcos al descargar, la luz de las Alpujarras o la tersura de las piernas de la bailarina marroquí. Y por qué no, a días me siento profundo como Ortega o musical como Ataulfo.

4 comentarios:

  1. Que suerte has tenido con haber estado en tu infancia y en tu boda en un laboratorio de "postin" mezclandote con gente importante y fotografías bellas. De joven estuve varias veces en cámaras oscuras ayudando a revelar fotografías y la verdad es que me divertía bastante. Siempre me há gustado creer que tengo un sexto sentido para identificar una buena fotografía no así para realizarla y me encanta hacer ojeadas por la red buscando buenas fotos. Espero que tu alma no se haya contaminado con algo oscuro o feo.

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    1. Corrían otros tiempos para mis padres. Luego la vida da muchas vueltas...y no, creo que no estoy contaminado.....

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  2. Siempre eres capaz de descubrirme un punto de vista nuevo, más allá de los datos conocidos.
    Yo conocía el supuesto de que partes, pero nunca me había planteado ir más allá... ¡Gracias por hacerlo por mi!
    Y, siguiendo tu razonamiento... ¿Cuando sacas un libro de la biblioteca, lo lees, absorbes su historia; de alguna manera también te impregnas de las sensaciones que han tenido todos los lectores que te han precedido ante ese volumen en concreto?
    ¡Suena fascinante...!
    MJ

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    1. Completamente cierto. Y esto es muy importante y en eso ganamos al autor de la obra. Un músico puede ver en directo el resultado de su obra, puede experimentar in situ las emociones o la viviencia que produce en el espectador su creación. Un pintor puede de forma discreta aproximarse a una galería o un museo y ver que le ocurre a la cara de alguien, a sus ojos cuando ve una de sus obras. Pero un escritor lanza su libro como una botella al mar, sin saber quién lo recogerá y qué le pasará al hacerlo.

      En cambio el lector correlativo nota las esquinas dobladas de los libros, las marcas de la hora a la que se acostó el anterior que lo leyó e incluso, percibirá si era hombre o mujer por el olor que dejó entre las páginas. Con suerte quedará un marcador (una hoja, un post-it, un pétalo) olvidado que algo querrá decir.

      Cierto, todo tiene vida. EL truco está en percibirlo.

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