Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 30 de enero de 2012

Todo es mentira y todo es verdad.



El equipo de investigación de Blogscriptum ha buceado este fin de semana en una tienda de libro viejo y de ocasión y ha desempolvado toneladas de escritos, legajos y libros. He mantenido feroces batallas contra ejércitos de polillas y pequeños insectos comedores de páginas, tan voraces que por momentos pensaba se harían con mis dedos sino les daba a comer apetitosas páginas de amarillo color. Si todos esos escritores supiesen que sus esfuerzos se habían convertido en el nutriente de millares de insectos no sé si hubiesen seguido adelante con la aventura de la literatura.
Pero en fin, este no era el objeto de este post, no me gusta la entomología, ni en estampitas.
El motivo de escribir hoy es que he dado con un documento impresionante que no me resisto a compartir con vosotros.

Se trata de un texto manuscrito de apenas 120 páginas. Está escrito en francés, es de fácil comprensión así que me he lanzado a leerlo en la misma tienda.

Corresponde a un relato auto biográfico de un tal Hernest Mensonge. Este personaje, casado con una Alicantina llamada Amparo hizo mucho dinero en el Paris de principio del siglo XX regentando un restaurante en el que su querida Amparo realizaba unos excelentes arroces. Tras la misteriosa desaparición de Hernest hacia 1918, el local llamado Le Jardin méditerranéen estuvo abierto durante bastantes años más, hasta que fue cerrado en la época del Paris ocupado por los Nazis, acusado de ser local refugio para la resistencia francesa.

En estas 120 páginas va describiendo los últimos días de su vida. Por lo que parece está siendo tratado de una terrible dolencia y se ha puesto en manos de un médico de enorme prestigio de la época.  Hacia 1917 comienza el relato que finaliza con el último capítulo que he querido rescatar para vosotros en diciembre de 1918.

Dice así:


Empiezo a estar seriamente preocupado. No es tanto por la increíble e imperiosa necesidad de comer frutas a todas horas, casi sin descanso, con una compulsiva voracidad animal. No es por el irrefrenable deseo de subirme al árbol del jardín. Lo veo más como un juego que como un ejercicio gimnástico, pero no puedo evitar hacerlo. El árbol parece llamarme: ven, ven, sube, sube. ¿Y qué puedo hacer? Salgo igualmente de  mi casa descolgándome por la fachada. 
No es por que ayer me descubriese hurgando entre el cabello de mi esposa en busca de no sé qué. Noto ciertos cambios en mi fisonomía,  pequeños detalles: me ha salido pelo en el pecho y el abdomen y qué decir de mis labios: los noto gruesos y tensos. Sin embargo, me encuentro más ágil y más veloz.  
Lo que realmete me tiene preocupado es que en varias ocasiones no he podido evitar olerle el culo a Amparo. Ella ha tenido a bien atizarme con la paellera. El dolor físico ha sido menor al daño moral. Está claro algo me está pasando, no sé porque fui a ese médico y acepté su tratamiento.


Como muestra la imagen de arriba, he escaseado un recorte de periódico de esa fecha que estaba cuidadosamente doblado en el interior del manuscrito. 
El texto dice así:
Por fin hoy la policía ha dado caza a la terrible bestia que tenía atemorizado al barrio del sagrado Corazón. Entre hombre y mono, el animal se dedicaba a oler el culo de todas las mujeres del barrio, de forma indiscriminada.


Blogscriptum, ha reconstruido el rompecabezas.

Dr. Prof. Serge Abrahamovith Voronoff
Serge Voronoff fue un médico de origen ruso afincado en Francia que en la última década del siglo XIX y los primeros años del XX practicó varios trasplantes de testículo de mono en pacientes aquejados de disfunción eréctil. Estos injertos le reprotaron enorme fama y una rica fortuna, especialmente cuando uno de sus pacientes, el novelista Anatole France, dramaturgo de enorme reputación, fue tratado, según él, con éxito.
Los monos eran traídos de Abisinia y tratados a cuerpo de rey hasta su castración en una Granja italiana.

Blogscriptum ha lanzado a un equipo de investigadores y reproteros con el fín de hacerse con algún testimonio escrito de alguno de aquellos monos que vivían en la más increíble de las comodidades y entre lujos, monas y plátanos, los días previos a su castración. Aquel exceso de fruta y actividad sexual, sin duda, produjo efectos incontrolados en los pacientes del Dr. Voronoff.

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