Manual de instrucciones de blogscriptum

sábado, 7 de enero de 2012

El alma de los instrumentos, de los diarios de Juanito.

Capítulo 3: Las lágrimas de papa.

El viento golpeando la contraventana me ha despertado. Silva fino  y seguido. Nunca me ha gustado ese sonido, me parece el lamento de almas en pena. Por eso estoy despierto, agazapado bajo las mantas. He escuchado ruidos en la sala  y he salido porque me parecía oír el clavecín de papa.
No le gusta que ande despierto a estas horas, pero estoy seguro que ha advertido mi presencia, pues ha dejado de tocar, y a tientas, despues de apagar las velas, se ha dirigido a su cama. Se ha parado en medio de la sala y ha dejado el libro verde que le ha compuesto a mama sobre la mesa. Los dos golpecitos que le ha dado han sido para decirme que lo deja ahí también para mi.
Papa estaba tocando algo bonito y estaba llorando.
Todo el mundo dice que llora porque no ve bien y fuerza en exceso la vista, pero yo se que le llora el alma.

Cuando las lágrimas resbalan por el clave, parece que se empapa la madera, y todo suena distinto.



BLOGSCRIPTUM.
Un extraño estudio llega a la conclusión de que los instrumentos, antiguos o modernos, son indistinguibles en su sonido. Que da igual tocar un instrumento del siglo XVIII o de ayer por la tarde. Que a efectos de calidad y pureza del sonido, los expertos, no son capaces de distinguirlos.
Es decir, que nos empeñamos en que las cosas no tiene alma, ¿eh?, en que todo está sujeto a la razón y la lógica, ¿eh?, en que todo es reproducible, demostrable, cuantificable, mensurable, y en fin que el método es algo más que un discurso (I´m sorry Renè).
Pues no, algún cuello, quizás el de Mozart, estuvo apoyado en esa madera, y sólo por eso ya es distinto instrumento.

Addedum Blogscriptum: J. S. Bach Murió ciego, tras un intento de cirugía que, evidentemente, fue un fracaso. Muy probablemente forzó en exceso la vista, en especial en la infancia, cuando a hurtadillas copiaba de forma frenética partituras, encerradas en un armario bajo llave, a la luz de una vela.




Y ahora, dedicado a Amaia, la pieza por la que lloraba Bach.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Eres libre...¿Quieres decir algo?