Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 4 de enero de 2012

Dos formas distintas de ser.

¿Beethoven o Bach?: Elige ahora antes de seguir leyendo.
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Humildad

J.S. Bach había desarrollado una nueva manera de colocar y mover la mano sobre el teclado del órgano, en opinión de mucha gente su maestría en la interpretación era insuperable.
A Dresde, donde su fama ya era enorme, llegó un hombre llamado Juan Luis Marchand, muy vanidoso, pero también hábil organista. Estaba dispuesto a competir con quien quisiera retarle, para demostrar su habilidad y superioridad en la interpretación.  La gente en Dresde se sintió ofendida y animó a que se produjese un duelo de teclas entre Marchand y Bach.
El maestro Alemán, reticente a estos enfrentamientos, por presiones, terminó por aceptar el reto.
J. S. Bach, durante los días que siguieron, hasta la fecha programada para la celebración del duelo, siguió con su programa rutinario de clases y participaciones en los oficios  cotidianos de la iglesia.
Alguién reconoció en uno de ellos, sentado al fondo de la iglesia, en penumbra, al organista forastero escuchando al maestro Alemán en una de sus interpretaciones.
El día del duelo llegó y la expectación era enorme. La iglesia estaba a rebosar pero Marchand nunca se presentó.
Tiempo después Bach en Erfurt oyó hablar mal de Marchand, y sentándose al clavicordio, tocó con delicadeza y maestría unas suits para clave.
Cuando fue alabado por el público que le escuchaba por la belleza de las obras que creían compuestas por Bach, este dijo: "Os he mostrado lo hermosas que son las suits de aquel al que despreciais" (se refería a Marchand)

Temperamento

En 1794 Beethoven compuso su trío de cuerdas en si bemol mayor dedicado a Mozart. El trío no está a la altura del propio Beethoven, ni por supuesto del homenajeado. Fue estrenado con bastante poco éxito. En ese mismo programa, junto con el Sordo genial interpretó también un reputado y habilidoso concertista unas obras de piano compuestas por el que, en cambio, sí arrancaron del público una sonada ovación, saliendo varias veces a saludar.
Beethoven abandonó el teatro, posiblemente muy enojado.
Al cabo de unos días, los dos compositores coincidieron en una reunión musical, y se ofreció a Beethoven la posibilidad de resarcirse de aquella afrenta.
Ludwig pidió la partitura del pianista, la dio la vuelta y una vez invertidas y tras hacer sonar las tres primera notas, improvisó temas a cada cual más extraordinarios.
Nunca más volvieron a coincidir en reunión o jornada musical los dos maestros juntos.


Conclusión blogscriptum
1. Cualquiera, incluso un genio, puede tener un mal día.
2. Procura no tocarle las pelotas a un genio.
3. Si se las vas a tocar, conoce el talante de tu contrincante.


Y ahora escucha a este capullo manejar el contrapunto con un micrófono en su boca.
Hay gente pa´tó, pero es bueno.





1 comentario:

  1. Yo creo que tiene mucho tiempo libre. Elijo a Bach nunca me gustaron los retos tontos.

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