Manual de instrucciones de blogscriptum

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Carta desde las entrañas



Hoy he despertado en la cúpula de San Francisco el Grande. Me gusta dormir allí,porque por la tarde veo ponerse el sol por detrás del Alto de Extremadura y lo veo salir también por encima de la torre del Palacio de Viana. No se con cual de los dos espectáculos quedarme. Después de desperezarme he tomado el camino de casi todas las mañanas. He volado por Mayor y he podido charlar un rato con algún amigo frente a la Torre de los Lujanes. Alguna noche también he dormido allí pero siempre me despiertan las campanas de la Nunciatura y no me dejan disfrutar de los últimos minutos del amanecer, acurrucado entre la viguería.

He bajado hasta Sol. Esa plaza está en continuo cambio. Cuando la acaben va a quedar magnífica. Desde esta altura se ve imponente, con el bullicio y los coches de caballos. No me suelo parar nunca, porque si te das prisa seguro que alguna migaja puedes picotear de la trastienda del Lhardy.
Entonces siempre me asalta la duda, si girar por Sevilla hasta Alcalá o bajar por San Jerónimo hasta Neptuno. Por un lado me encanta pararme un rato sobre la azotea del Casino para ver el espectáculo del Palacio de La Equitativa o la cuadriga del Banco de Bilbao. Me gusta posarme en la rodilla de alguna de aquellas bestias de 25 toneladas de hierro, cobre, bronce y  plomo. Me siento como un emperador victorioso de las Galias entrando por Roma, solictando el Triunfo del Senado. Pero por otro lado la bajada por La Carrera, dejando el Palacio del Congreso a la izquierda para terminar dándome un baño en Neptuno, me enloquece.
Sin embargo hoy ha comenzado a llover a media tarde y he decidido remontar por la Calle de la Cruz en vuelo alto y buscar refugio en los árboles de la Plaza Mayor. No sé que me ha hecho cambiar de decisión a última hora y posarme en la boca de este animal. Todo estaba húmedo y cuando he querido darme cuenta he resbalado por su gaznate hasta terminar en sus entrañas.
El espectáculo aquí dentro es dantesco. Por eso escribo estas mis últimas palabras, con la seguridad de que no volveré a subir La Calle de Segovia ni volveré a posarme en la nariz de la Cibeles. Si alguien, de cualquier forma, termina leyendo esta nota, ¡Por Dios! que haga algo para que esto no siga ocurriendo.

En Madrid a 20 de septiembre de 1930




BLOGSCRIPTUM:



En el centro de la Plaza Mayor de Madrid se encuentra la estatua ecuestre de Felipe III, que fue comenzada por el escultor italiano Juan de Bolonia (Giambologna) y terminada por su discípulo Pietro Tacca en 1616. Fue regalada al rey español por el entonces Gran Duque de Florencia, estando inicialmente situada en la Casa de Campo. Fue en 1848 cuando la Reina Isabel II ordena su traslado desde su emplazamiento anterior a la Plaza Mayor. 
La estatua fue retirada en 1874 hasta la reinstauracion de la monarquia con Alfonso XII.
En las algaradas de la celebración de la proclamación de la II República fue destrozada por un petardo de gran potencia que destripó al cuadrúpedo. 
Al realizar las obras de reparación de la estatua se encontaron cientos de pequeños esqueletos de gorrión, que se supone resbalaban por la boca del caballo, que hasta entonces estuvo abierta.
Hoy esta boca está cerrada.
El gorrión que dejó la carta firmó como "El chulapo de los aires".

Nada de esta historia es producto de la invención, la Plaza, la estatua, el petardo, los esqueletos de gorriones y por supuesto la carta la guarda Blogscriptum a buen recaudo.


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