Manual de instrucciones de blogscriptum

lunes, 19 de diciembre de 2011

Benditas coincidencias históricas



BLOGSCRIPTUM ha recibido el encargo de dos de sus más fieles seguidores de realizar un micro-relato positivo, que contrarreste la entrada anterior, haciéndole ver que, en efecto si bien la historia aporta, incesantemente, lamentables coincidencias, también nos ofrece brillantes escenas que son dignas de ser recordadas.

El día 16 de diciembre de 1770 nacía en Bonn Ludwig van Beethoven.
El día 16 de diciembre de 1876 se realizaba en Barcelona la primera llamada telefónica en España.

Por orden del Altísimo, Gabriel había convocado a toda la corte. Aquella mañana de Domingo el firmamento lucia más brillante que nunca, y es que después de varios días de furia divina y violentas tormentas, el sol iluminaba la tierra, y el orbe parecía más en paz que nunca.
A la gran asamblea asistieron todos y se fueron colocando según su orden de importancia. Arcángeles y ángeles abrían la comitiva dando paso tras de sí a un peregrinar de serafines, querubines, dominaciones, virtudes, tronos y potestades.
En torno al trono  fueron se sentando, y viendo Dios que todos habían ocupado sus posiciones, dio orden a Miguel, su más amado  arcángel,  de comenzar la sesión con la lectura de su decisión.

"Es voluntad de nuestro amado Padre que se considere hoy el día en que la humanidad conozca una maravilla más de Su creación. Demasiadas batallas y disputas confunden y separan entre sí a sus muy amados hijos, y es por Su mandato que se ha decidido transmitir a través de la música la dicha de Su amor.
Es por decisión Suya que a esta asamblea sean llamados aquellos que en el pasado han transmitido al resto de los hombres su creación musical más sublime y que entre ellos se decidan los dones y facultades que ha de tener aquel que será dotado e iluminado por la inspiración de la música celestial”

El firmamento se encontraba aquella noche tremendamente  iluminado pues no se recordaba una asamblea tan concurrida, el cielo negro, tachonado de millares de estrellas, cubría la cúpula de la tierra, y desde ella pareció escucharse un extraño trueno, en una noche especialmente despejada; y fue Rafael, que golpeando con firmeza su bastón contra la única nube visible anunció:

“Que pasen las almas de nuestros muy amados hijos: Monteverdi, Vivaldi, Purcell, Telemann, Haendel, Albinoni, Pachelbel y que extiendan por el suelo los pétalos de la virtud para recibir el alma de nuestro hijo más querido,  Bach, en señal de nuestro respeto.
Abrieron se las puertas de la asamblea y al son de las trompas celestiales entraron en respetuosa comitiva centenares de traviesos querubines que lanzaban suaves pétalos de brillantes rosas estrelladas.
Y desde la tierra las gentes miraron atónitas el espectáculo que aquella noche de diciembre el cielo les estaba brindando en forma de lluvia de estrellas.

Dió comienzo el debate  mostrando cada uno las virtudes que a su juicio el elegido debía tener. Y habló el alma de Claudio Monteverdi de polifonía y pureza de la voz y siguió el Alma de Antonio Vivaldi hablando de dinamismo y maestría y el alma de Henry Purcell del arte sutil de la voz y bellas melodías, y el alma de Haendel de las alegrías y los sufrimientos humanos volcados en las notas más bellas,  y el alma de Jorge Telemann de transparencia diáfana y majestad de las melodías para llegar directamente al público.
Y así fueron pidiendo otros la palabra: Scarlatti, Talles, Rameau, Palestrina, Pergolesi, Cabezon, Corelli, Albinoni..... hasta que pidió la palabra el alma de Bach y pudo todo el mundo notar el silencio que se produjo entre los miembros de la asamblea, pues eran sus palabras armoniosas y alegres e invitaban al goce extraordinario y magnifico y era él el que más gratamente había hablado de las maravillas del Creador y al que sin duda alguna la Corte entera mas amor y respeto procesaba.
Y habló Juan Sebastián de la armonía y el contrapunto, del arte de la fuga y la fusión de la música y sentimientos sublimes para dejar por fin sentadas las bases de cómo debieran ser las virtudes del nuevo elegido.

Fue una combinación tan brillante de ideas, adjetivos, virtudes y dones, que al finalizar la lectura de estas por parte de Gabriel, que diligentemente había ido anotando, los ángeles comenzaron a aplaudir en un suave batir de alas.

Y fue entonces que  en la tierra una dulce brisa completó el espectáculo de sonidos y fuga de estrellas con los que la noche había comenzado.

Y dijo Dios: que así sea. Le llamare Ludwig.

Pasaron solo unas horas y a las diez en punto de la noche María Magdalena traía al mundo entre sabanas blancas y hojas verdes de muérdago, de esa misma mañana recogidas, al segundo de sus hijos. Cuando lo hubo abrazado entre sus pechos, mirándolo dijo: te llamaras Ludwig, porque así hoy lo he soñado y te he de ungir porque has sido llamado a la más sublime creación. Y mojándose los dedos índice y corazón con la leche que ya se derramaba de su pecho acarició la frente de su hijo.


Asomado a la ventana del Castillo de Monjuic Joan contemplaba absorto la lluvia de estrellas que aquella noche de diciembre salpicaba el cielo, y podía ver las lucecillas de los ventanucos de los palacetes  de Pedralbes por la suave brisa del mar, que había limpiado el cielo de Barcelona de la bruma que frecuentemente, pero no esa noche, empapaba las paredes de las casas de la ciudad.
Esperaba la señal luminosa que le advertiría del inicio de la transmisión de Carles, que desde la  Barceloneta, realizaría la primera llamada telefónica de España.
Según lo previsto a las diez en punto de la noche se produjo la comunicación:
-Joan soy Carles, ¿me escuchas sin problema?
-Si Carles te escucho sin ningún problema, pero escucho algo de fondo, ¿Tu no?
-Así es, pero...
-Calla, calla...

Los dos permanecieron en silencio pegados sus oídos al auricular y parecieron palidecer.
Los presentes dieron testimonio de esta comunicación, pero no alcanzaron a comprender porque nunca Joan y Carles hablaron de lo que escucharon a través de sus auriculares durante unos minutos.

BLOGSCRIPTUM tiene en su poder y a buen  recaudo una declaración firmada por Joan y Carles Puga fechada en Barcelona el 24 de diciembre de 1876 que dice asi:

Por la presente declaración y ante Dios juramos, que en la conversación telefónica que mantuvimos el dia 16 de diciembre de 1876, primera realizada en España, oímos sin ninguna duda, con sonido claro y luminoso, la más brillante interpretación que jamás hemos escuchado del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Ludwig Van Beethoven, y que al finalizar la misma una suave brisa, como si de un batir de alas se tratase corrió, Paseo de Gracia arriba, hasta las mismas faldas de Valvidrera.


1 comentario:

  1. Perfecto el final. Genial. Aplausos. Bravo !!!!
    Como si de una sinfonía del mismísimo Ludwing se tratara.

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