Manual de instrucciones de blogscriptum

martes, 29 de noviembre de 2011

En busca de la motivación.

SVIJEST: Querido, no se cómo abordar este problema, pero he de decirte que desde que has comenzado con este asunto de tu blog, el rendimiento de tu trabajo ha caído al abismo como Sir Robin y Sir Galahat de Camelot.
BLOGSCRIPTUM: Bueno, ha caído o ¿le han empujado?
SVIJEST: ¡Caramba!, ¿Tu tambien vas a eximirte de tus propias responsabilidades?, tienes un cierto tufillo a político español.
BLOGSCRIPTUM: Touché. Siempre tan sagaz... Pero realmente es un problema de motivación.
SVIJEST : ¿Motivación?, ¿no estas motivado?. Yo me he leído esta noche un libro que se llama secretos de la motivación. Si quieres te lo paso.
BLOGSCRIPTUM: ¿En una noche?, no debe haber muchos secretos, me temo, querida.
SVIJEST: Bueno, parece fácil, por lo visto sólo hay que activar alguno de nuestros deseos fundamentales, o relacionar la meta querida con alguno de esos deseos fundamentales.
BLOGSCRIPTUM : ¡Uf!, no tengo ahora demasiados deseos fundamentales; bueno, en realidad es que mi cerebro, en cuestión de deseos,  se encuentra actualmente virginal y desatendido, como el África premisionera, y en concreto mis deseos fundamentales son el Congo de mi cerebro.
SVIJEST : Deberías buscar alternativas excitantes: el bienestar, la vinculación social, la ampliación de posibilidades del yo.
BLOGSCRIPTUM : ¿Excitantes?
SVIJEST : Si, excitante como el sexo.
BLOGSCRIPTUM : ¡Uy! El sexo para mi ya es como el impuesto del ayuntamiento, te llega una vez al año y te das cuenta de que pagas demasiado, de una sola vez y para muy pocos servicios.
SVIJEST: ¡Estúpido!, me ofendes, ¿Crees que no se que te gusta?. ¿Es que no recuerdas la agradable sensación de un dulce orgasmo?
BLOGSCRIPTUM : ¿Ahora resulta que los orgasmos tienen calificativos?, ¿Dulce?, pues mira si quieres un adjetivo los mios son los "esperados", como los marinos gallegos que salieron a faenar y duermen tranquilos en el fondo oceánico, mientras sus mujeres los lloran en el malecón.
SVIJEST:  Por Dios, no te pongas dramático; Mira, mira... esto lo he encontrado apropósito de la motivación... esto es lo que opina B&B The Encounter acerca de su trabajo como surfero
"El surf es un estado de equilibrio dinámico entre el hombre, la ola y la tabla, sumergidos en una naturaleza armoniosamente salvaje que contrasta con la insignificancia y pequeñez humana, provocando una constante y progresiva pregunta-búsqueda-encuentro con la perfección y con lo trascendente"
BLOGSCRIPTUM: Caramba que desperdicio como filósofo. ¿Que opinión tendrá este muchacho de la Madre Teresa?... Perdona pero y mi vinculación social y mi ampliación de las posibilidades del yo ¿no las puedo alcanzar escribiendo?, ya sabes, la motivación afectiva de la creación cultural.
SVIJEST:  ¿cultural?, querido, que pretencioso...
BLOGSCRIPTUM: ¡Mil millones de mil truenos! ¡hago lo que puedo! 






lunes, 28 de noviembre de 2011

Requiem por nuestra inocencia

Del sueño de mi larga noche desperté a medio-día bajo los focos del quirófano de un hospital en las afueras de Londres. Lloré y rabié de miedo hasta que la luz cejó y las manos de plástico de la enfermera me soltaron. Y quedé así, aturdido y expectante frente al mundo que empezaba, en un desierto de silencio y espera. Nadie me preguntó de dónde había venido y cuando quise acordarme lo había olvidado. El deseo de recordar me persigue desde entonces.
Diario de un recién nacido, Antich Arpag 


Silencio y Paz.

Fue llevada al país de la vida. No hagáis preguntas. Su morada es el descanso y su vestido la luz. La música quedó ahogada en las aguas profundas y sus notas perdidas y sin ecos en la llanura infinita. Ahora comienza el combate,el llanto,la lágrima y el sobresalto. Se apagó el sol de su frente y perdimos de entre los dedos, como el agua, silenciosamente, aquello que se nos fue y que una vez tuvimos. Aquí en la tierra, mortales, te entregamos a ti, ¡oh Señor! sus despojos, a ti para siempre nuestra dicha infinita. 

Silencio y Paz.




Requiem aeternam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis. Requiéscant in pace. Amén.




domingo, 27 de noviembre de 2011

Imitadores baratos....

Siempre sale algún imitador de baratillo que intenta superar al único, al inigualable. El lo había inventado antes. El atraco esperpéntico ya lo había hecho antes Woody.








Las manos de Papá

De los diarios de Juanito. 
Capítulo Primero: Las manos de Papá 
Hoy el otoño ha dejado de serlo. Después de los oficios hemos vuelto a casa todos juntos, el cielo estaba oscuro y esta noche seguro que nevará. 
Papa iba serio. Todo el mundo piensa que es antipático, pero yo se que no es así. Lo que pasa es que le tienen miedo porque siempre lleva esa negra levita y no habla casi nunca. Tiene la cabeza llena de tantas ideas que si hablara perdería por la boca la mitad de ellas, de tantas que tiene y a tanta presión. Por eso no habla. 
Mama me ha regañado por haber metido los pies en un charco. Entonces el me ha cogido de la mano y me la ha apretado. Me gusta su mano. Es grande como la de un oso, pero no raspa como las garras que el señor Gölenberg tiene en su taberna. A papa sus garras le sirven para llegar de un lado al otro, en todas las escalas del órgano de la iglesia, con un suave movimiento. Y todo el mundo dice que toca bien porque sus manos son grandes, pero el me ha explicado que el secreto está en los pulgares, por eso yo siempre los escondo dentro del bolsillo, para que no se me congelen en invierno. 
Le he preguntado que porqué Dios nos envía el frío con el invierno, por que a mi no  me gusta; el me ha dicho que es una bendición más de Dios por que así los árboles reposan durante unos meses, para rebrotar con más fuerza en primavera y por que además así yo puedo estar con él por la noche junto al fuego, mientras compone, en vez de estar jugando fuera en el patio. Luego me ha apretado la mano con sus dedos, hemos seguido caminando y ha empezado a canturrear. 
Papá siempre canturrea cuando al hablar se le escapa otra idea, de esas tantas que tiene, y claro, le sale con música. Esta noche papá compondrá algo, seguro, porque los primeros copos han caído y eso le gusta mucho. A mi me gusta papá.

Vídeo: Blogscriptum.
Música: Suite de Chelo nº6. Sarabanda. J.S: Bach


Si tienes 3 minutos más Blogscriptum te propone escuchar esta versión de Sting.



sábado, 26 de noviembre de 2011

Enrique IV de Castilla...¿El impotente?




A lo largo de la historia han existido innumerables episodios que se han visto influidos directamente por la enfermedad que padecía el personaje que los protagonizó. Indudablemente no todos estos hechos han tenido la misma importancia histórica. Sin embargo, una enfermedad urológica provocó la llegada al trono de Castilla de Isabel La Católica, en el final de la Edad Media y el inicio de la Edad Moderna, y con su coronación se produjo la constitución de un nuevo Estado

La dinastía de los Trastámaras se estableció en Castilla con Enrique II en la segunda mitad del siglo XIV. En 1369 Enrique llegaba al trono tras una dura lucha contra su hermano Pedro I. Ambos eran hijos de Alfonso XI, y el primero de ellos, el triunfador, hijo bastardo del rey Alfonso y la bella dama Doña Leonor de Guzmán. Más tarde en 1412 esta misma dinastía se establecía en Aragón, merced a la política de enlaces matrimoniales, con la persona de Fernando de Antequera. Aragón y Castilla terminaron por unificarse mediante el enlace de los herederos respectivos de dichos reinos en 1469, Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, para dar el más poderoso de los estados del final de la Edad Media.

Entre medias, la dinastía de los Trastámaras dio a la historia una de las mayores y más curiosas incógnitas, de la que se derivaron importantísimas consecuencias. Este hecho estuvo protagonizado por Enrique IV, el último de la citada dinastía, su supuesta hija, Doña Juana, conocida por la historia como “La Beltraneja” y su esposa Doña Juana de Portugal. Los tres además estuvieron envueltos por el halo de misterio de una enfermedad urológica (una disfunción eréctil), y una posible terapia en el campo de la infertilidad (una inseminación artificial), practicada por un médico judío hace más de quinientos años.

Después de haber estudiado al personaje he llegado a la conclusión de que El rey Enrique IV no era impotente y bien de forma natural, bien por inseminación artificial pudo ser el padre de Doña Juana conocida como La Beltraneja y sólo las intrigas políticas condujeron a esta al ostracismo permitiendo que Isabel  La Católica llegara a ser reina de Castilla usurpando un trono que no le correspondía. La Historia Universal a partir de entonces no sería la misma si pudiésemos haber demostrado esta hipótesis hace ocho siglos.

“Cada día me parece más claro que Don Enrique IV fue menos impotente de lo que dicen y que Doña Juana -su esposa-, fue mucho más buena de lo que cuentan los libros”.                                                                         Gregorio Marañón.


Una noche de otoño de 1946 el doctor Marañón, por encargo de la Real Academia de Historia, procede a la exhumación y descripción de unos restos aparecidos en el Monasterio de Guadalupe, dónde de forma casual y tras descolgarse por detrás del retablo, han sido encontrados los nichos de lo que se cree son los enterramientos  de Enrique IV de Castilla y de su madre la reina Doña María.

El cuerpo del monarca, yaciente sobre un paño de brocado verde aceituado, sin  mortaja propia de su tiempo y rango, correspondía al de un varón corpulento que bien había podido medir 180 centímetros de altura en vida, con largas piernas, ancho tórax y un cráneo de frente alta y robusta mandíbula. Esta conservaba todos los dientes aunque de mala implantación, faltando algunas muelas, señal de que padeció de ellas. La momia del rey mostraba unos ojos cerrados y separados, con una boca grande y un prognatismo marcado.

En la biblioteca del Escorial, a propósito de unos textos de Enríquez del Castillo, cronista del rey, se recoge una detallada descripción de Enrique IV como un hombre de larga estatura, ojos espaciados, cabeza grande y redonda, frente ancha, quijadas luengas y tendidas, dientes espesos y traspellados y los calcáneos volteados hacia fuera (pie valgo). Desde luego esta descripción realizada por el capellán y cronista real Enríquez del Castillo, no deja en buen lugar a Don Enrique, aunque al final compara su cabeza en alegórico símil, a la de un león. No faltarían otras comparaciones de la época hechas por los detractores del rey, claro, que la compararían a la de un simio.

“¿Fue Don Enrique un ser inepto, un impotente, como reza la etiqueta con que ha sido archivado en la historia, o un pobre hombre calumniado por adversarios victoriosos que, a favor del éxito, que todo lo autoriza y lo sanciona, han hecho perdurable la fábula de su incapacidad?”.
Gregorio Marañón.

Lo innegable de la historia es que Don Enrique casó en segundas nupcias con Doña Juana de Portugal, a la sazón prima carnal por parte de madre, tras un primer matrimonio anulado con Doña Blanca de Navarra con la que no tuvo descendencia. De este primer matrimonio ya comienzan a detallarse indicios de su padecimiento tal y como Mosén  de Diego Varela nos informa:

 “El rey y la reina durmieron en una cama y la reina quedó tan entera como venía, de que no pequeño enojo se recibió de todos”.

De este primer compromiso nupcial el rey guardaría vivo recuerdo pues para su segundo enlace derogaría la ley castellana que obligaba a atestiguar la consumación del acto mediante la presencia en la alcoba de un notario de la corte.

El carácter abúlico y tímido y la debilidad de carácter y sugestionabilidad demostrada por Don Enrique en otros ámbitos de su reinado, especialmente políticos, ¿no se haría especialmente manifiesto en el día de las nupcias, ante tanto espectador?.
Este carácter tímido no parece sin embargo emerger en diferentes relaciones que, con distintas mujeres, se le atribuyeron al rey. A saber: Doña Guiomar, hija del conde de Montesanto, Doña Beatriz de Sandoval y Doña Catalina de Guzmán son las ,al menos oficialmente reconocidas, amantes de Enrique IV tal y como se recoge en el acta de anulación matrimonial con Doña blanca de Navarra:

“Había habido en cada una de ellas trato y conocimiento de hombre a  mujer, así como cualquier otro hombre potente, y que tenía una verga viril firme y daba su débito y simiente viril como otro varón, y que creían que si el dicho señor Príncipe no conocía a la dicha señora Princesa, es que estaba hechizado o hecho otro mal, y que cada una le había visto y hallado varón potente, como otros potentes”

Después de este primer matrimonio de trece años y escaso éxito, Don Enrique casa con una bella mujer, niña hoy en día, de 16 años, hermana del Rey de Portugal.

 “Muy señalada mujer en gracias y hermosura”.

Fruto de este enlace nacería la Infanta Doña Juana, hecho que dada la ya popular impotencia real, sorprendió a propios y extraños:

 “Fue una gran sospecha en los corazones de las gentes sobre esta hija, pues muchos dudaron ser engendrada por sus lomos del rey”.

Como hecho destacado, la legitimidad de Juana fue jurada por su madre, la Reina, tras recibir eucaristía en la catedral de Segovia. Mayores y numerosos juramentos se han hecho en falso a lo largo de la historia con la mano apoyada en la Biblia, pero sería un acto de crueldad poner en entredicho de antemano la verdad de este juramento, el de una madre sobre su hija, y en un contexto, el de una mujer, la Reina Juana, denigrada y deshonrada por la corte y su pueblo.

“Hago juramento a Dios y a Santa María y a la señal de la Cruz que con mi mano derecha corporalmente toqué... que yo se cierto que la dicha princesa Doña Juana es hija legítima y natural del Rey mi Señor y mía, que por tal la reputé y traté y tuve siempre, y la tengo y reputo ahora”.

El mismo Enrique IV confirmaba su paternidad, tiempo después de haberla renegado en la firma del tratado de los Toros de Guisando (18 de septiembre de 1468) que firmó con su hermanastra Isabel, en el que hacía pública su deshonra al desposeer a su hija del título de heredera.

“Por el bien y sosiego del Reino”...”para atajar las guerras”.

Una vez más la historia pone por delante en valentía y dignidad a la mujer frente al hombre, en este caso antes como madre que como reina, antes la razón del corazón que la del estado.
Para añadir turbidez a la historia oficial que ha prevalecido a lo largo de estos siglos y en aras a defender la paternidad real de Doña Juana se recogen en los textos de Jeronimus Münzer, un viajero, doctor y reputado humanista germano que por esta época visitaba la península, quizás con el fin de hacer conocer al Rey de Portugal, Don Alfonso, el interés del emperador Maximiliano de participar en las incursiones lusitanas de ultramar. Durante su visita a la corte castellana detalla uno de los hechos andrológicos más peculiares  de la historia de España: la inseminación artificial de una reina.

“Fecerunt medici cannam auream, quam regina in vulvam recepit, an per ipsam semen inicere posset; nequivit tamen. Mulgere item fecerunt feretrum eius et exivit sperme, sed aquosum et sterile”.

El viajero relata la fertilización de la Reina a través de una cánula de oro que introducida en la vagina servía para depositar el esperma real obtenido por masturbación, aunque este parece que era acuoso y estéril. Si bien el cronista detalla con meticulosidad aspectos tan íntimos de la corte, como si él mismo los hubiera presenciado, hemos de reconocer que su historia, aunque interesante y de hecho factible, pierde credibilidad ante los evidentes errores cometidos en la descripción de sucesos más conocidos y refrendables, como por ejemplo la línea sucesora de Juan II de Castilla: padre de Don Enrique:

“Juan, Rey de Castilla, tuvo por hijos a Alfonso, el primogénito, a Enrique y a Isabel, su hija. Muerto el padre, le sucedió el primogénito Alfonso, a quien, muerto después de cuatro años de reinado, sucedió su hermano”.

Münzer confunde completamente tanto la línea sucesora de Juan II, padre de Enrique IV como el reinado que no existió sino en una esperpéntica farsa avulense (5 de julio de 1465). Si en este tema Münzer comete un error de bulto, ¿podemos fiarnos de una historia tan peculiar?.

Como quiera que la historia ha hecho que perduren con más fuerza los escritos de los que salieron victoriosos de la contienda de la sucesión al trono (Isabelinos frente a Beltranejos) se ha añadido a la condición de impotente la de su homesexualidad, siendo larga la lista de amantes y pretendidos de Don Enrique, alguno de los cuales fue severamente reprendido por negarse a sus invitaciones.

Sin embargo esta segunda condición (homosexualidad) no implica necesariamente la verdad de la primera (impotencia), y no sería utilizada hoy en día en defensa de la ilegitimidad de Doña Juana. Dentro de esta lista de pretendidos y por ser favorito real, destacamos a Don Beltrán de la Cueva, un botarate que a juicio de Gregorio Marañón, no brilla con dignidad en ningún hecho histórico de importancia y que al final de sus días luchó incluso en el bando de Isabel La Católica en contra de los Beltranejos (encabezados por el tío de Juana, el Rey de Portugal, Don Alfonso). A Don Beltrán se le atribuye la paternidad de Doña Juana, así que, en defensa de la legitimidad de la Infanta por la sucesión del trono, parecería excesivo pensar, hasta de un botarate, que luchase contra su propia hija, aunque en ocasiones las razones de estado, las razones personales, y verse en el lado fácil de los vencedores, pueden pesar más que las razones de sangre.

Otro dato más a favor de la paternidad de Don Enrique se recoge en el propio tratado de Guisando en el que se expresa literalmente:

”La reina no había usado limpiamente de su persona de un año a esta parte”.

La afirmación por omisión de la “limpieza de la persona” de la reina antes del último año específicamente expresado ¿acaso reafirma el hecho de que antes si había sido fiel al Rey?; y en tal caso, ¿podemos poner en duda la legitimidad de La Beltraneja?.La firma del acuerdo de los Toros de Guisando se produce en 1468 y, sin embargo, Juana la Beltraneja nace en 1462, mucho antes de ese año confesado del adulterio.

Este año del nacimiento de Juana las Cortes de Toledo prestaron juramento a la reina como heredera al trono de Castilla. ¿Qué pudo suceder, al margen de una impotencia dudosamente demostrada y unas relaciones adulteras entre la reina Juana y Don Beltrán de la Cueva, tampoco corroboradas, para que este juramento no fuera posteriormente respetado?.

Europa vivía en esa  segunda mitad del siglo XV el cambio de la organización del estado, de un poder ejercido por una oligarquía nobiliaria, al establecimiento de una monarquía, centro y catalizador del poder. En Castilla se perfilaban grupos de oposición representados por los Mendoza del lado real y los Pacheco (Marqués de Villena) y los Carrillo por otro lado en clara oposición a Enrique IV.

Las campañas contra los nazaries llevadas a cabo por esas fechas trajeron como consecuencia  la concesión del condado de Ledesma y el maestrazgo de la Orden de Santiago a Don Beltrán de la Cueva. Su influencia sobre el Rey  y el peso específico adquirido por este motivaron el enfrentamiento de estos dos bandos, con acusaciones como:

“Enrique enajena su voluntad en manos de Beltrán de la Cueva, protege a los infieles, desprecia al clero católico, altera el valor de la moneda, e interviene en Navarra y Cataluña quebrantando el derecho y la justicia”.

En los años siguientes de 1464 y 1465 diversos hechos de naturaleza jurídico-política ponen en entredicho la autoridad real, hasta llegar al punto de ser teatralmente destronado por estos opositores en la farsa antes mencionado de Ávila, coronando públicamente como sustituto al infante inexperto y manejable Alfonso, hermanastro de Enrique IV, y destronando a un monigote al que fueron desposeyendo de los atributos reales (corona, cetro y trono). Sin embargo y para desgracia de este grupo de poder, Alfonso muere precozmente, fruto de un envenenamiento según algunos, el 5 de julio de 1468. Este decalaje de casi cuatro años pudo inducir el error de Münzer al creer que realmente Alfonso había sido rey castellano durante ese tiempo.

Había pues que buscar un sustituto al trono y los ojos se pusieron en la hermana de los anteriores, Isabel (Madrigal de las altas torres, 1451), y establecer una coartada para eliminar de la carrera sucesora dinástica a Juana La Beltraneja.

El deseo de una paz interna o quizás la abulia ya referida de Enrique IV motivó la firma del tratado de Guisando, en el que no se pone en tela de juicio la legitimidad de Juana por la paternidad o no de Don Enrique sino por la nulidad del matrimonio con Juana de Portugal por las infidelidades de la reina a partir de 1467, durante su encierro en el castillo de Alaejos, donde mantuvo una relación con el sobrino del arzobispo de Sevilla, Don Pedro de Castilla, fruto de la cual nacieron dos hijos. De esta época es el nombre de la ropa femenina conocida como “guardainfante”, ese abultado vestido constituido por aros concéntricos que ocultaban cualquier signo de nueva gestación, cuando no debía ser conocido, claro.

Es a esta circunstancia y no a la paternidad de Don Beltrán a la que se achaca la ilegitimidad del matrimonio y por lo tanto el reconocimiento de Doña Juana como heredera. No hay ningún documento, excepto la tradición popular que deslegitime la paternidad de Don Enrique.

Por último, y en defensa final de la virilidad del Rey, y abundando en la catalogación de pene hipospádico que realiza Marañón, a propósito de la descripción que del pene de su majestad hace Münzer:

“Tenía un miembro débil y pequeño por el arranque y grande por la punta, de manera que no podía enderezarlo”.

Hemos de decir que, si bien la morfología del hipospadias, pueden dar un aspecto aplastado del pene, no genera impotencia sino incurvación, tal y como dice Münzer. Esto, en último caso sería responsable de una impotencia coeundi, si la incurvación es severa, o de una subfertilidad si el pene hipospádico favorece la eyaculatio anteportam, pero no de una disfunción eréctil.

La impotencia de Enrique IV se destaca ya en los escritos referentes a su primera boda, con afirmaciones sobre la virginidad de la reina Doña Blanca de Navarra después de trece años de matrimonio. Esto fue atestiguado por dos matronas expertas que bajo juramento afirmaron:

“Estaba virgen incorrupta como había nacido”.

La Real Academia de Historia publica que de los trece años de matrimonio, cohabitaron sólo tres y que no se produjo cópula durante todo el enlace.
En el estudio de las posibles causas de la disfunción eréctil que pudo padecer Enrique IV, Marañón en su ensayo defiende que los rasgos antropométricos, la descripción física de los cronistas y el comportamiento en el terreno de lo personal y lo político se engloban en un cuadro clínico de hipogonadismo. A este estudio biológico contundente en el análisis de los signos clínicos podemos aportar setenta y dos años después de su primera publicación las razones fisiopatológicas de una disfunción eréctil secundaria a dicha endocrinopatía que desde el punto de vista clínico cursa con una disminución de la consistencia y el tamaño testicular y una disminución de la libido. Esta última condición, definida por Marañón como timidez sexual, bien podría estar exagerada por su personalidad sugestionable y dócil y todo ello mezclado en componente psicológico que contribuyese a la impotencia. Su docilidad se evidenció en su vida política, no pudiendo atajar nunca los desmanes e insurrecciones de sus opositores, que protagonizaron, entre otras cosas, un intento de secuestro real, un levantamiento con intención de destronar a Don Enrique en Ávila y más de un testimonio de agravio como el emitido desde Burgos por Pacheco y Carillo entre otros:

“En gran perjuicio y ofensa de todos sus reinos y de los legítimos sucesores, sus hermanos, había hecho pasar por princesa heredera a Doña Juana, hija de la reina Doña Juana, su mujer, sabiendo muy bien que aquella no era hija suya”.

Y de otros testimonios recogidos por cronistas.

“No podía llamarse hombre en justicia, puesto que nada de tal en él se encontraba, y había tenido la avilantez de hacer pasar por suya la prole ajena, siendo de todos reconocida su impotencia”.

Y no supo, ni cuándo de él se requirió, dar justo castigo por lo injuriado, incluso tras una victoria militar en el enfrentamiento de los dos bandos en la batalla de Olmedo (20 de Agosto de 1467).

“Quedareis por el más abatido rey que jamás hubo en España y arrepentiros heis, cuando no aprovechare”.

Estas palabras pronunciadas por el obispo Barrientos resuenan hoy con mayor fuerza sobre la memoria de Enrique el Impotente, que murió en Madrid el 12  de diciembre de 1474, quizás como algunos piensan y su hija nos relata, fruto de un envenenamiento.

“Le fueron dadas yerbas y ponzoña de que después falleció”.


Es posible que una enfermedad urológica dispuso el rumbo de los acontecimientos tal y como hoy los conocemos, es decir, la disfunción eréctil del rey y la ilegitimidad de su hija marcaron la historia de España. La afirmación: Enrique IV era impotente, es tan irrefutable como lo contrario. Iguales argumentos podrían ser esgrimidos en defensa de ambas afirmaciones, pues la verdad biológica de los hechos se esconde para siempre entre dos personas, los protagonistas auténticos de la historia, Enrique IV y Juana de Portugal.
        

Quizás el futuro y la biología molecular nos desvelen este secreto entre dos, y el análisis de ADN de los restos óseos de Enrique IV y Juana La Beltraneja, si es que ambos corresponden a quien dicen ser, nos demuestre la relación entre ellos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El diario de Juanito. Prólogo


El equipo de investigación de Blogscriptum se siente enormemente orgulloso de poder presentar al mundo entero un gran descubrimiento. Sumergidos en el profundo océano de una biblioteca, que por razones de seguridad no se mencionará, detrás de unos ajados, polvorientos y desencuadernados libros, enrrollados como un catalejo y anudados por una cinta de color rojo, hemos encontrado unos documentos, que por sus características, hemos podido suponer que se tratan de anotaciones personales de un escritor del siglo XVIII. 

En cuanto pudimos desliarlos advertimos que el trazo era inseguro y tembloroso. Inmediatamente reconocimos la letra infantil de un joven literato. Corresponde a unos textos alemanes que no siguen un orden cronológico fechado. Se trata de pequeñas anotaciones, variables en su extensión, en cada uno de los papales. Curisoamente algunos tienen manchas de lo que pudieran ser restos de fruta o incluso dulces. Hay tachaduras, enmiendas e incluso simpáticos dibujos bastante primitivos.
No hemos dudado ni un segundo en ponernos sobre su estudio. Esperamos en los próximos días ir descifrando y traduciendo cada uno de los textos.
No hemos podido resistir la curiosidad de dar nombre a estos textos, y dado que todos son firmados con un garabato que parece querer decir Johann, hemos decidido bautizarlos como "El diario de Juanito"

Para acabar de una vez por todas con el arte moderno


BLOGSCRPTUM: ¿No crees que deberíamos llamar a la SGAE?
SVIJEST: Bueno, en realidad querido, creo que hace unos días que ya no cogen el teléfono.
BLOGSCRIPTUM: ¿No hay nadie?
SVIJEST: No, se lo han llevado también. Pero de todas formas ¿Por qué lo dices?.
BLOGSCRIPTUM: Verás, esta tarde volvía a casa después de una intensa tarde de relativismo patológico, ya sabes, Doctor parece que quiere molestarme algo el dedo gordo, no es dolor es... no sé, una molestia. ¿Digo yo que no sé si tendrá importancia?. Pues hombre, no creo ¿sabe?, acabo de quitarle un riñón...cuando he podido ver en un autobús un anuncio de una interesante exposición del Museo Reina Sofía: De la revuelta a la posmodernidad. El anuncio estaba decorado con una obra de Robert Filliou, que aparecía ataviado con un...simpático sombrerito de papel.
SVIJEST: ¿Y desde cuándo te interesa a ti la posmodernidad? No es que yo te considere un reaccionario, querido, es que te recuerdo que Brahms te parece un progre.
BLOGSCRIPTUM: Ya, ya. Bueno,no es el caso ahora. Lo que me ha ocurrido es que al ver el anuncio Woody ha venido nuevamente a mi cabeza. He tenido un Déjà vu. Escucha, escuha esto que dice el Maestro en Reminiscencias: paisajes y figuras:
-Para ser escritor- uno ha de correr riesgos y no temer al ridículo. Escribí El filo de la navaja con un sombrero de papel puesto. En la primera versión de Lluvia, Sadie Thompson era un loro. Avanzamos a tientas. Nos arriesgamos. Cuando empecé Servidumbre humana, lo único que tenía era la conjunción "y". Yo sabía que la historia que contuviese la "y" sería estupenda. Poco a poco el resto fue tomando forma.
SVIJEST: Ya, ¿y que me quieres decir con eso? 
BLOGSCRIPTUM:  Pues no digo nada, digo que es evidente que aquí el amigo Filliou es todo un artisa. Nadie se atrevería a ponerse un sombrero de papel en la cabeza, antes de detonar una bomba posmodernista, si no te sientes seguro de tu enorme potencial posmodernista.
SVIJEST: Ya, ¿y cómo se presenta la exposición?.
BLOGSCRIPTUM. Me gusta que me hagas esta pregunta, querida,  por que lo he consultado en la página oficial del Museo y es en ese momento en el que me he decidido a llamar a la SGAE.
SVIJEST: ¿No han pagado el hilo musical del bar del Museo?.
BLOGSCRIPTUM. No, no. El comisario enmascarado, que no firma la presentación de la exposición, ha copiado literalmente un texto de Woody, de Como acabar de una vez por todas con la cultura. Mira, mira, lo que escribe:

En el periodo de los 60 a los 80, que abordan las nuevas salas de la Colección, tienen lugar los cambios políticos, sociales, culturales y tecnológicos que configuran el escenario global contemporáneo: la descolonización, las revueltas del 68, los movimientos feministas, la crisis económica, la expansión de la cultura popular y la eclosión de otras modernidades periféricas.

¿Tu crees que las modernidades perifericas a las que se refiere son las casas de Villaverde Alto?, desde luego fueron una eclosión muy periferica...pero sigue sigue:
Bajo el signo de la muerte del autor, el artista repudia la paternidad de la obra que produce, proclamando su apertura a lecturas y experiencias diversas. También se afirma su naturaleza procesual, colectiva, performativa y contingente.
SVIJEST: ¡Ah no, no! A por él. Yo llamo a la SGAE por tí. Eso es de un texto de Woody. Y por cierto, que entiendo que sea procesual y performativa, pero ¿contingente?...en todo caso metamórfica y si me apuras, ni eso, sólamente discrómica.
BLOGSCRIPTUM: Cierto, cierto querida, discrómica en todo caso. Pero,espera, espera a ver como se despacha El comisario enmascarado:
El recorrido, dividido en las dos plantas del edificio Nouvel, parte de la Batalla de Argel y de la Revolución Cubana, y se adentra en el campo en continua expansión de unas prácticas que ya no siguen una dirección única, sino que vienen enunciadas desde posiciones no solo marcadamente diferentes, como el Tropicalismo, sino también directamente antagónicas, como es el caso del arte feminista. 
SVIJEST: ¡Que cabrón!. Hacer no sólo diferente, sino antagónico el tropicalismo con el arte feminista. 
BLOGSCRIPTUM: ¡Que cabrón!
SVIJEST: ¿A por el?.
BLOGSCRIPTUM: ¡A por el!


SVIJEST: .......oye, ¿Y si es cabrona?.
BLOGSCRIPTUM: Pues bragas Princesa para ella.


En España no cabe un tonto más...nos caemos al agua.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Me he propuesto firmemente seguir pecando...


Me eduqué en un colegio religioso, de curas, vamos. Y fui allí muy feliz. Puedo asegurar que no pasaría el primer corte del casting de cualquier película de Almodóvar. No fui vejado, pegado, sodomizado ni ultrajado. Quizás yo ya viví otra época y no pongo en duda que mucha gente lo pasara muy mal antes o después, no sé, pero desde luego yo no.

Desde los 8 a los 10 años tocaba confesarse una vez por semana. Lo hacíamos en una pequeña capilla y el Padre Eduardo nos atendía en confesión. El Padre era sordo, inmensamente sordo y para oírnos, sacaba del interior de una vieja chaqueta de lana apelotillada una especie de micrófono plateado que conectaba directamente con un audífono de su oído izquierdo, siempre el izquierdo. Debías hablar al micrófono, bien cerca, y eso me producía la extraña sensación de que mi confesión iba a ser radiada en Carrusel Deportivo.

El Padre Eduardo se agachaba hacia nosotros hasta quedar su cara muy cerca de la nuestra. Eso te permitía percibir su aliento. ¿Por qué siempre le olía a plátano?
Entonces me producía una tremenda repugnancia, de tal forma que para mí la confesión era, en realidad, la autentica penitencia. Pero ahora recuerdo con nostalgia aquellos pecados.

-Padre: He escupido, he dicho palabrotas, no he obedecido a mis padres, no hice los deberes el domingo.

El padre nos escuchaba con inmensa atención y notabas que  en ese momento tu relato era su máxima preocupación. ¿Cuántos de nosotros no contaríamos los mismos pecados?, uno tras otro, y así, entre escupitajos, palabrotas, desobediencias y tareas no cumplidas, cincuenta niños durante dos horas. Nunca había más penitencia que dos Padres Nuestros o Dos Ave Marías, y ¡hala!, hasta el próximo plátano.

Los pecados se fueron complicando a medida que la conversación del recreo sobre nuestros recientes descubrimientos personales (los más personales) iban sustituyendo a la conversación sobre fútbol. No recuerdo que el Padre Eduardo llegase a escuchar el cambio de rumbo tan brutal que iban a sufrir nuestras confesiones a partir de esa fecha. El pobre murió, yo tendría  12 años.

Mi conciencia estaba sufriendo entonces un enorme desajuste; no conseguía poner de acuerdo las urgentes peticiones de una parte de mi cuerpo, con las recomendaciones y sugerencias sobre la sublimación del Padre Antonino. Era muy importante para él sublimarse. Qué buen hombre pero qué enorme contradicción en sus enseñanzas. Mientras me decía en clase de religión que eso que a mi me apetecía, no se hacía; en clase de música ¡me enseñaba a tocar la flauta! (dulce) Pero ¿en qué quedamos? ¿se toca o no se toca?, ¡coño!

Naufragaba por ello en un proceloso mundo de ofuscación y remordimiento cuando me abrí a la confesión….del primero que pillé. Este fue un error tan grave como lanzarse al sexo en el rito iniciático de cualquier Pitonisa. Estaba fuera de mi colegio ante un completo desconocido:

-Padre, he pecado contra el sexto mandamiento.

-Mmmmmmmm, ¿Sólo o acompañado?

¡Cojona!,pensé, ¿Esto se puede hacer acompañado?

-Pues.......solo, Padre, solo.

Entonces él empezó a hablarme de algo sobre mi cuerpo y un templo y cosas que me resultaron muy abstractas. No recuerdo qué me dijo, pero sí recuerdo que quedé muy impactado.

Con el paso de los años he reflexionado muchas veces sobre aquella pregunta y sobre su necesidad. ¿Para que quería saber si estaba acompañado? ¡Ojalá, tenía 12 años, joder!.

He meditado después, sobre la curiosidad humana y el morbo; sobre la orientación a los jóvenes y sobre la intimidad. Al cabo del tiempo, no se me ha podrido la medula ni me considero más tonto que el resto de los varones de mi entorno. No soy un onanista inveterado pero, de vez en cuando, entro al templo que me dijo este señor, para ver los frescos de las cúpulas, y puedo asegurar que, en ocasiones, las menos es verdad, hasta oigo un órgano. Soy de la opinión que el equilibrio perfecto está entre el “conócete a ti mismo y conoce el mundo que te rodea”, aunque he de decir que no llego a las habilidades tántricas de Sánchez Drago.

Nunca más me confesé. Jamás. He leído la Biblia y el Catecismo a propósito de este sacramento y no acabo de entender la necesidad de intercesión, de intermediación, de otro hombre en mi confesión. Creo no estar en pecado mortal y lo venial lo confieso sin tapujos, pues son los hombres los que me los han de juzgar y pedir cuenta por ellos. Esto es una verdad que los reformistas aprendieron rápido. No hay intermediarios con Dios. Nadie pone el contador a cero por dos Padres Nuestros. Estás tú frente a tu conciencia, el deber cumplido y la responsabilidad. Si fallas, te fallas a ti y a los tuyos, y por eso en otros países se dimite cuando a uno le pillan.

Según el catecismo "la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones..." No me siento de ninguna forma mal inclinado y tengo firme propósito de seguir pecando, lo más venialmente que pueda.

Padre Eduardo que estás en los Cielos: ya no escupo, ni me peleo; he hecho muchísimos deberes a lo largo de estos últimos años; intento no decir palabrotas, pero el diablo me pone a prueba cada vez que echo gasolina o pago mis facturas; obedezco a mis padres, aunque mis hijos no lo hacen conmigo.
Padre, si ve allí arriba al Padre Antonino, dígale que por fin me decidí por una de las dos flautas, la más dulce.

Amen